Después de mucho desearlo

Después de mucho desearlo, un día llegó la ansiada noticia: ¡por fin íbamos a ser padres! Caminar por la vida sabiendo que llevas dentro a tu hijo, te da otra perspectiva. Empecé a informarme sobre temas de crianza. Lactancia entre ellos. Me entusiasmó. Me leí los manuales que cayeron en mis manos. Conocía los beneficios para el niño y para la madre. Las posibles dificultades que podían plantearse y, por supuesto, las soluciones. Las diferentes posturas. Las crisis de crecimiento. Todo. O eso creía.

Llegó el momento. Cesárea programada. Primer trauma. Deseaba tanto parir a mi hijo… Pero ya estaba aquí. Ya lo tenía delante de mí y ya no importaba que hubiera atravesado mi canal del parto o una herida en mi barriga. Ya estaba con su madre. Se enganchó rápido al pecho, con un buen agarre, parecía. En menos de 24 horas me subió la leche. Aquello era incontrolable. Que Martín lloraba, chorro. Que Martín estaba tiempo sin comer, chorro. Que miraba a Martín, chorro. Tenía la habitación encharcada. De eso no hablaba en mi libro.

Yo, que había llegado al hospital pertrechada con mi manual de lactancia no encontraba respuestas. Mi hijo estaba permanentemente dormido y no comía lo suficiente así que mi pediatra me recomendó complementar las tomas al pecho con una jeringuilla con mi propia leche previamente extraída. Era agotador, sacarse leche doce veces al día, amamantarle, darle las jeringas… Oír constantemente lo mal que lo estás haciendo y lo bien que se crían los niños con biberones y leches de fórmula. ¿Que no ves que tu leche no le satisface? Me decidí por hacer caso solo a dos personas: al pediatra que yo había elegido y a mí misma. Y así lo hice. Martín cogió fuerza y enseguida dejamos la jeringa. Fue maravilloso el día que el pediatra me dio la enhorabuena por haber peleado tanto por la lactancia y porque Martín iba como un cohete para arriba.

Nada de esto se aprende en los manuales. Por eso pienso que los grupos de apoyo a la lactancia son tan importantes y que los pediatras deberían ser expertos en lactancia o al menos apoyarla. Yo tuve la suerte de haber buscado a uno que sí lo es. Hoy por hoy llevamos ya casi 20 meses de feliz lactancia y lo que nos queda. Hay muchas lactancias que empiezan fácil y que marchan desde el principio. Otras veces, la cosa se complica. Buscar ayuda en otras madres que han pasado por eso, en grupos de apoyo a la lactancia o en profesionales que estén al tanto en esta materia es de gran ayuda en estos casos.

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