Un cambio de vida radical

Siempre escuchaba lo mismo… cuando tengas hijos te cambiará la vida por completo, cuando tengas hijos no saldrás, cuando tengas hijos cambiarás muchos de tus hábitos… Pero cuando escuchas todos esos argumentos tú, sin hijos, los puedes comprender aunque,…de lejos…

Antes de que naciera mi angelito, yo tenía dos trabajos, uno de mañana y otro de tarde, llegaba a casa por la noche, me encantaba dormir, cada vez que me iba a la cama contaba las horas que iba a dormir y si eran 6 o 7 sólo decía, pues siesta asegurada, y si me despertaban antes de tiempo… pero qué mal despertar…en fin, que no me planteaba la idea de tener hijos… no sabía nada de nada de niños; para mí era otro mundo muy muy lejano. ¿Dar el pecho?, ¿Cambiar pañales? Ni idea, si cuando veía a un bebé o un niño pequeño no le decía nada porque no sabía cómo actuar ni qué decirle…Hasta que, de repente, el cuatro test confirman lo inesperado… “¡estás embarazada!”, sí, el cuatro test porque, sinceramente, no me lo creía.

El primer trimestre lo recuerdo horrible, mucha ansiedad, llorando, con taquicardias, estaba todos los días muy nerviosa. Hasta me iban a poner como embarazada de alto riesgo porque siempre que iba a tomarme la tensión la tenía por las nubes. También se complicó un poco la cosa porque tuve una pequeña amenaza de aborto, normal… tantos nervios…

El segundo trimestre cambió… ya me sentía mejor, empezaba a sentir a mi bebé, empecé a sentir un vínculo mágico y por nada del mundo quería perderlo, me horrorizaba la idea. Todavía no me dijeron que era niño y yo ya sabía el nombre que le iba a poner, porque, eso sí, desde las ocho semanas sabía que iba a ser un niño… GABRIEL.

El tercer trimestre fue perfecto, le hablaba todas las noches, le cantaba, le ponía música, me encantaba sentirlo. Recuerdo a una amiga que me dijo, tenerlo en la barriga no tiene nada que ver cuando nace… prepárate.

Y así fue… aquel día mágico del 5 de enero de 2015 rompí aguas y al día siguiente nació mi milagro.

Tras 18 horitas de parto, me lo pusieron en el pecho y de repente, mi mundo se paró, cambió, fue como si me despertaran de un sueño y te despiertas con una realidad que viene sin libros de instrucciones. Lo que primero que pensé fue… pero, ¿y ahora? …¿qué hago? Pues, sí, lo que yo sentí fue como si dijeran…ala, ahí tienes, apáñatelas.

Y así, cada día fue un aprendizaje de 24 horas al día. De repente, sabía cambiar los pañales, sabía coger a un bebé, sabía darle el pecho, bueno, eso me costó un poco pero aprendí, aunque, por desconocimiento total, y “consejos” de alrededor, le di lactancia mixta, por lo que al final se decantó por el biberón, y solo pude estar dos mesecitos dándole el pecho, mi gozo en un pozo, aunque aprendí de ello.

Ahora, 16 meses después, solo tengo un trabajo, no duermo siesta, no miro el reloj para saber las horas que voy a dormir, si me despiertan me da igual, no me enfado… no duermo profundamente como antes… pero, saber que mi chiquitín está a mi lado cada noche y verlo despertar cada mañana eso me da una fuerza tremenda, es una mezcla de positividad, alegría, amor, hasta adrenalina. Y ahora digo yo, a la pregunta de…¿Merece la pena un cambio tan radical de vida y tener hijos? Pues si tuviera que cambiar mi vida 20 veces para tener hijos, lo haría 50, porque nunca antes había sentido esta felicidad, nunca antes estaba tan llena, tan radiante, tan feliz.

Por eso Gabriel, mi angelito, mi milagro, gracias por nacer, gracias por este cambio radical de vida.

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