La comunicación con las profes de la guarde es fundamental.

En ella radica nuestra tranquilidad y también la suya, que es la que tiene que cuidar de nuestros pollitos durante el día.

En mi caso, no tenemos libro en el que comunicarnos, sino que todo se deja escrito en una pizarra o se habla al recoger o dejar al bebé. En ocasiones, con el caos que se forma a primera hora de la mañana, papá pollito o yo no podemos explicarle con tranquilidad a sus profesoras algún hecho que consideramos importante, como que el bebé ha dormido mal, que está cansado, que ha estado con tos… bueno, para nosotros cualquier pequeño detalle es importante, y estamos en todo nuestro derecho de poder comunicarlo.

Es más, no peques de “no quiero molestar” porque, según mi experiencia, es todavía peor. Por ejemplo, si tu bebé desayunó tarde tienes que contarlo, porque sino le estarán intentando meter toda la comida durante horas, cuando el pobre no tendrá hambre. Cualquier detalle es necesario comunicarlo, créeme.

Al fin y al cabo sus cuidadoras/es son nuestros ojos, y su universo mientras no estamos con ellos. Tenemos que irnos tranquilos confiando plenamente en que lo harán todo lo mejor posible. Y ellos no están en casa para saber si el pollito ha pasado una mala noche, si no ha hecho caca o si le molestan los dientes.

En nuestro caso, hubo una época en que Gael no pudo ir a la guardería por una fuerte gastroenteritis que cogió al principio de comenzar en la guarde. Estuvo casi 3 semanas sin ver a sus profesoras, y yo lo pasé mal al tener que dejarlo otra vez, sobre todo porque se había quedado muy delgado y no se encontraba de buen humor. Pero tenía que volver a trabajar.

Lo que hice fue, a pesar de sentirme pesada o “madre rollo” escribirle una carta laaaaaarga a sus profesoras, explicándoles todo lo que había pasado Gael, cuál era su estado en ese momento y los cuidados especiales que le pedía que tuviesen con él. No me importaba parecer pesada, quería asegurarme que había dado todas las indicaciones oportunas.

Me sorprendí cuando me llamó una de sus profesoras (Tita Mamen le llamamos) para tranquilizarme, diciéndome que no me preocupara, que ella también es madre y sabía lo que yo tenía que estar pasando. Me entraron ganas de llorar.

Ganas de llorar no solo por la liberación de la angustia que tenía dentro, sino por la empatía que me transmitió y que las madres tantas veces necesitamos. Un gesto tan sencillo, me devolvió la vida en ese momento.

Por eso, mi consejo es que comuniques todo lo que consideres necesario, que mantengas una comunicación asidua y personalizada con los profesionales de la guardería. Creo que tu pollito te lo agradecerá. Y vosotros podréis estar más tranquilos.

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